Paisaje sonoro


por  Soledad Testagrossa


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        Propongo una lectura del paisaje sonoro no como archivo estanco extraído, sino como registro/captura de un entorno sonoro móvil, repensado como medio para poder audibilizar entornos en peligro de extinción, y quizá a partir de este acervo, lograr preservar el patrimonio sonoro de una comunidad con sus marcas sonoras: sonidos que portan vida, verdadero amor por la tierra y el cuidado, el gusto por la vida. Esta re-lectura se encuentra en contraposición -o a resguardo- del entorno sonoro que instala el extractivismo, la colonización, sonidos de guerra y destrucción. ¿Qué pasa cuando el sonido crea una atmósfera de miedo y amenaza, o una mala vibración?

        El compositor y educador canadiense Murray Schafer -que ha trabajado la noción y composición con paisajes sonoros-, describe el término a secas:

Técnicamente, es cualquier porción del entorno sonoro observado como campo de estudio. El término puede aplicarse, ya a entornos reales, ya a constructos, por ejemplo, las composiciones musicales o los montajes de cinta, especialmente cuando se los considera en calidad de entorno. (SCHAFER, 2013: 370)

        En otro apartado menciona que

El paisaje sonoro es un campo de interacciones, incluso cuando tratemos de forma aislada los acontecimientos sonoros que lo componen. Determinar la manera en que los sonidos se influyen entre sí (y nos influyen a nosotros) en situaciones de campo es una tarea (...) a la que se ha de enfrentar el investigador del paisaje sonoro. (SCHAFER: 187)

        La re-lectura propuesta se centra en capturas/registros de entornos sonoros reales -aunque cualquier captura ya propone un marco- como campo de interacciones encarnadas en acontecimientos sonoros, pero también, y sobre todo, como portadores de marcas sonoras, lo que conlleva la pretensión de protección de las mismas ante una posible desaparición progresiva.

        El término marca sonora (soundmark) deriva de la palabra inglesa landmark, («hito», lit. «marca geográfica» o «punto de referencia geográfico») y se refiere al sonido de una comunidad que es único o que posee cualidades que hacen que la gente de esa comunidad lo tenga en cuenta o lo perciba de una manera especial. Una vez que una marca sonora ha sido identificada, merece ser protegida, pues las marcas sonoras hacen que la vida acústica de una comunidad sea única. (SCHAFER: 28).

        Ante la advertencia de que existen sonidos en riesgo de extinción, ante la posible pérdida de un paisaje sonoro significativo para la comunidad que lo carga de sentido al habitarlo; ante el hecho de que el genocidio/ecocidio/neo-colonización reemplazan el acontecimiento cultural por los sonidos de la destrucción, el registro del paisaje puede constituir una vía para hacer escuchar lo silenciado, ya que genera un testimonio de su existencia, y conforma un acervo para preservar aquello expuesto a desaparecer.  

        Existe un grado de conservación de la belleza que Murray Schafer asocia al ideal de paisaje sonoro (SCHAFER: 325). Frente a la posibilidad de que la humanidad pierda su capacidad acústica, el ambientalista sonoro propone que prestemos atención y estudiemos nuestros entornos sonoros, que pensemos y trabajemos para que cada vez sean más bellos. Entiendo que esta búsqueda de belleza ligada a la idea de paisaje, intenta dirigirse hacia un entorno más saludable: visualmente, ningún basurero es considerado paisaje, sino contaminación. De ahí que el entorno urbano no pueda considerarse paisaje, sino contaminación sonora, nerviosismo, sordera. ¿Cómo es el entorno sonoro cuando el instante de la muerte se convierte en modo de vida? En ese sentido y en línea con la re-lectura del término, el trabajo con registros de paisajes sonoros se propone contribuir a una humanidad más consciente, sensible, empática, saludable a partir de la pregunta por sonidos expuestos a desaparecer, haciendo una apuesta a lo que Matías Lustman describe como la enunciatividad de los materiales, “entramados densos de relaciones inmanentes que los diversos sonidos conllevan.” (LUTSMAN, 2022: 49).

        Esta propuesta también rescata lo que Jhon Levack Drever -investigador y artista sonoro escocés- caracteriza como paisaje sonoro, sobre todo en su propósito de mejorar nuestra comprensión del mundo¹, a partir de la toma de conciencia de la coyuntura local y de la posibilidad de desaparición de ese paisaje a partir de diversos mecanismos de colonización -sonidos del desplazamiento, de la destrucción, de la violencia que atenta contra la conservación de los otros sonidos-. El autor sienta las bases de lo que sería una nueva etnografía, al repensarse como comunicadores antes que científicos a partir de la interacción comunicativa en un tiempo compartido intersubjetivamente, co-experiencial. Propone repensar el trabajo etnográfico como habla y escucha, no ya observación, citando a Conquergood: la experiencia del sonido, el habla y la conversación exigen la co-presencia (contraria a la observación de la mirada, unilateral), que puede lograr la vulnerabilidad y la auto-revelación². Esta revisión, que culmina en lo que va a denominar como etnografía contemporánea, va en línea con nuestro objetivo propuesto para el trabajo con registros/capturas de paisajes sonoros en cuanto a que supone estar-habitar el lugar donde fueron tomadas las capturas sonoras: una investigación encarnada; en la búsqueda de una comprensión del mundo actual completa a partir de la inmersión en lo sonoro; y en las preguntas por cómo hacer aparecer una parcela de humanidad, por la posibilidad de preservar comunidades en riesgo de extinción como consecuencia de políticas coloniales/colonizadoras.

        En suma, el paisaje-registro sonoro colabora con la puesta en relación de los sonidos y, al dotarlos de sentido, ofrece una vía para hacer escuchar, y preservar marcas sonoras. Finalmente, el sonido “retratado”/capturado/registrado puede visibilizar/audibilizar aquello silenciado, en vías de preservación de lo expuesto a desaparecer.  

¹ “La obra ha de mejorar nuestra comprensión del mundo y tener alguna influencia sobre nuestros hábitos cotidianos de percepción (Truax 1999).” en LEVACK DREVER.


² “(...) la propuesta es que una etnografía nueva, que sea relevante para las dinámicas del mundo actual, requiere moverse de la mirada y la visión hacia el sonido y la voz, del texto al performance, del monólogo al diálogo, de la autoridad a la vulnerabilidad. (Conquergood, 1991: 183)” en LEVACK DREVER.



Referencias

LEVACK DREVER, John (2016) “Composición con paisajes sonoros: convergencia entre etnografía y música acusmática” En Laboratorio de Música Libre. Hackerspace "Rancho Electrónico".  

LUSTMAN, Matías (2022) “Sobre paisajes sonoros y cuerpos tímbricos” En Hojas especulativas N° 8. Sonido Mundo. Córdoba: Spectra. Laboratorio de Antropología Especulativa.

SCHAFER, Murray R. (1976) “El mundo del sonido, los sonidos del mundo” En El Correo de la Unesco. Año XXIX. París, pp. 4-8.

--------------------  (2013) El paisaje sonoro y la afinación del mundo. Barcelona: Intermedio.






   

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Este trabalho é financiado por fundos nacionais através da FCT – Fundação Para a Ciência e a tecnologia I.P., no âmbito do projeto «CEECIND.2021.02636».